Maxime
Léa está en sus manos.
He fallado.
Este simple pensamiento me consume mientras deambulo nerviosamente por el apartamento de Eva. Hemos dejado el coche en un aparcamiento subterráneo y hemos subido aquí para establecer un plan.
— Estás dando vueltas como un león enjaulado, gruñe Eva, echada en el sofá, con un cigarrillo entre los dedos.
La ignoro.
Mi teléfono vibra.
Un mensaje desconocido.
"Si quieres volver a verla viva, ven solo. Medianoche. El almacén del puerto."
Aprieto el puño.
— Er