Léa
La noche avanzaba.
A pequeños pasos sigilosos, como si tuviera miedo de perturbar el equilibrio frágil que se había instaurado entre nosotros.
Creía que las emociones ya se habían expresado todas.
Que el corazón había dicho todo.
Pero Maxime aún guardaba algo.
Lo sentía en su respiración.
En esa tensión ínfima, anidada en el hueco de su silencio.
Me había hablado de amor.
Había puesto sus manos en mi vientre, sobre ese pequeño ser que venía.
Y yo, me había dejado envolver.
No del todo tranq