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Léa
La caja resbala entre mis dedos.
No es pesada. No realmente. Pero mis brazos tiemblan un poco.
No es fatiga.
Es otra cosa. Una onda invisible que recorre mi cuerpo, entre el miedo y la emoción.
Estoy de pie en el umbral de la casa.
Nuestra casa.
Maxime abre la puerta frente a mí, con ese gesto calmado y preciso que siempre ha tenido, como si supiera exactamente lo que hacía — mientras que veo bien en sus ojos que está tan conmovido como yo.
La madera cruje ligeramente bajo nuestros paso