Léa
El jardín había vuelto a ser silencioso.
Como si recuperara el aliento después de tantos corazones latiendo, de palabras susurradas y recuerdos despertados.
Camille se había ido.
Su sombra se había desvanecido lentamente en el halo dorado de la noche, y su sonrisa temblorosa aún permanecía en el aire, como una última nota sostenida.
Me había abrazado fuerte. No para decirme adiós, no. Para decir que comprendía. Que me devolvía mi lugar.
Que me amaba.
Mi padre también.
Tenía la mirada un poc