Maxime
Cierra los ojos por un instante.
— Frente a un café, cerca del gabinete.
Asiento con la cabeza, el corazón latiendo a un ritmo salvaje.
— Maxime, escúchame.
Me giro hacia ella.
Se acerca, posa una mano en mi brazo.
— Por favor... déjame manejar esto.
La miro, incrédulo.
— ¿Qué quieres que haga? ¿Que deje que ese loco siga?
— No. Pero no quiero que hagas una tontería.
Agarro su rostro entre mis manos, forzándola a mirarme.
— Ya es demasiado tarde.
Ella tiembla.
— Maxime...
Me inclino, sus