A la mañana siguiente, despertaron abrazados. El sol se filtraba tímido entre las cortinas y el mar, a lo lejos, parecía confirmar esa sensación de calma recién recuperada. Alma abrió los ojos primero. Tomás dormía aún, con el ceño relajado, un brazo rodeándola con naturalidad. Todo parecía volver a la normalidad, como si la noche anterior hubiera sellado una tregua sincera.
Alma pensó en Valle Claro.
Había querido recorrer el pueblo, entender por qué ese lugar lo había puesto tan incómodo, per