Alma llevaba días pensando cómo reparar lo que se había resquebrajado entre ella y Tomás. No quería más silencios ni viajes que funcionaran como excusas. Quería recordarse —y recordarle— por qué se habían elegido en primer lugar.
Por eso preparó la cita con cuidado, casi con devoción.
Compró un vestido rojo despampanante, de esos que no admiten indiferencia. Reservó una noche en un hotel de lujo, discreto y elegante, con cena a la luz de las velas. Lo invitó con anticipación, sin darle margen p