Me despierto de golpe sobre la cama. Hay poca luz en mi entorno, solo la que logra entrar por la ventana. Tardo un poco en reconocer el sitio, no es mi habitación, no es mi casa.
De repente, todo lo ocurrido en el día regresa a mi cabeza de golpe, la visita de Armando, sus ojos oliva, el viaje a casa de sus papás, la persecución... Claro, el té.
Supongo que el té debió dejarme en la lona y hacerme dormir. No sé cómo llegué al cuarto, pero lo agradezco. Veo que me han quitado los tenis nada más.