Estoy desubicada totalmente. Puerto Vallarta es muy grande, y de repente mi marido está aquí. Justamente aquí.
Él se acerca y me abraza efusivamente, me levanta un poco del suelo para luego darme un beso profundo y ardiente enfrente de todos. Aunque lo haya extrañado enormemente, no puedo evitar sentirme muy incómoda ante tremenda muestra física. Trato de separarme ligeramente, no quiero seguir así enfrente de todos, quienes ya deben estar igual de incómodos que yo.
-Perdón amor, pero no pude