Son cerca de las seis de la tarde en la casa de don Enrique, quien se encuentra caminando como león enjaulado al interior de su oficina. No tendría que haber tardado tanto Max con su sobrino en llegar a su casa. Eso le da mala espina y ansiedad.
De pronto escucha las botas pesadas de Max, un tipo fornido de 1.97 cm, rubio, de ojo azul y tez clara. Si no lo escucharan hablar, pensarían que se trata de un extranjero y no de un nacido en la sierra guerrerense.
-Ya te habías tardado Max... ¿Dónde e