—Debo suponer que no me trajiste aquí para aprovecharte de mí... ¿o sí? —bromeó Angelo al entrar en el dormitorio.
Lionetta soltó una carcajada.
—No, no te traje para eso —respondió con una sonrisa.
—Es una lástima. Te habría dejado salirte con la tuya sin poner ninguna resistencia.
Lionetta no pudo evitar reír de nuevo. Angelo cada vez parecía volver a ser ese hombre que se mostraba relajado y juguetón a su alrededor. En serio, había odiado cuando él la había tratado con la fría cortesía que re