—Definitivamente esta es una buena vista —comentó Angelo.
Lionetta lo miró por encima del hombro, le dio un guiño coqueto y volvió la vista al frente antes de lanzarse a la piscina en un clavado casi perfecto.
El agua la envolvió por completo, bloqueando todos sus sentidos. Sintió una calma absoluta se apoderaba de ella mientras nadaba hacia el otro extremo, concentrándose en cada brazada. Por un instante, su mente quedó en blanco. Lo único que existía era la sensación que quemaba sus pulmones a