Lionetta se las ingenió para abrir la puerta con la bandeja de comida en las manos. Dio la orden para encender las luces y pronto la habitación se iluminó con suavidad. Al ver a Angelo, se dio cuenta de que él seguía dormido.
Se acercó en silencio y dejó la bandeja sobre el velador. Luego se sentó en la cama, junto a él, y lo observó dormir. Se veía relajado, sereno. Y así, dormido, casi podía imaginar que nada había cambiado. Por un instante, permitió que la ilusión la envolviera. Pero luego s