La camioneta se detuvo frente a una casa grande de dos plantas. Angelo la observó a través de las ventanillas sin reconocerla. Su padre se bajó del coche y se dirigió a la parte de atrás del auto.
—Esta es nuestra casa —dijo Lionetta, bajando del vehículo.
Antes de que ella pudiera rodear el auto para ayudarlo, él ya había abierto la puerta e intentaba bajar por su cuenta con torpeza. Con las costillas rotas y una pierna enyesada, su movilidad se veía limitada.
—Ten cuidado —lo reprendió Lionet