—Buenos días —saludó Angelo cuando Lionetta salió del baño.
Ella tenía las mejillas sonrojadas y el cabello húmedo, así que dedujo que había tomado una ducha caliente, mientras él aún estaba dormido. En los últimos días había aprendido que a su esposa —aquella palabra aun le parecía extraña— le encantaba las duchas calientes. Siempre que salía del baño el vapor la acompañaba.
Se tomó su tiempo para mirarla, algo que hacía a menudo, esperando que algún recuerdo llegara a su mente. Aún no había n