Lena decidió que el día siguiente sería distinto. No lo dijo en voz alta —como si temiera que al pronunciarlo la promesa se desmoronara—, pero lo pensó con la determinación frágil de quien intenta recomponer una rutina que ya no encaja.
Café. Ducha caliente. Ropa cómoda.
Un día normal. Eso era todo lo que necesitaba.
Abrió la ventana para dejar entrar aire fresco. La calle aún no despertaba del todo: algunos autos dispersos, un ciclista solitario, el tintinear lejano de una botella contra el pa