Elías supo que el cuerpo ya no era del todo suyo cuando la palabra “ascensor” se le quedó a medio camino y solo pudo pensar “caja que sube”. No era olvido común: era una costura floja en la mente. Apoyó la frente contra el vidrio y sintió el frío como un consejo. Respira. El reflejo del vidrio hizo algo peor que devolverle la cara: se quedó un segundo más, mirando, cuando él ya había bajado la vista. Era un pequeño desfase, un eco que aprendía sin permiso.
La torre a esa hora tenía el cansancio