La noticia del nuevo crimen convulsionó al país. Trevor, por supuesto, no declaró nada pese a nuestras insistencia, incluso cuando llegamos a la playa, ya se habían llevado el cuerpo y los policías se marchaban a toda prisa, sin atender a los periodistas. Perkins reconoció a la doctora Evans que se iba junto a Trevor y Harrison en un auto. -¡¡¡Allá está tu amiga, la veterinaria!!!-, se aupó en sus pies.
-¿Estas seguro?-, me empiné para tratar de verla. -¡Sí era ella, estoy seguro!-, me mo