Dimitar también se sumó desde Europa a la algarabías. Apenas tres días después de su último mensaje, recibimos un paquete conteniente primorosos cubiertos para bebés.
También le envié fotos y selfies a Hill que respondió igualmente con mucha admiración y sorpresa. -¡Son igualitos al papá!-, escribió un mensaje de texto lo que me hizo refunfuñar. -No, ¡¡¡son igualitos a mí!!!-, protesté enojada, je je je.
Ya habíamos comprado todo doble. Cunitas, cochecitos, ropitas, biberones, sonajas, zapatitos, corralitos, sillitas para comer y por supuesto muchísimos juguetes. Alistamos además el cuarto para los bebés con muchos adornos, grafitis muy graciosos y dibujos de lindos animalitos.
Decidimos que los pequeñines crezcan sin problemas ni preocupaciones y después, con el tiempo, cuando ya sean más grandecitos, hacerles un chequeo general en Stone Valley para saber qué tan licántropos eran los dos. Yo miré muy acaramelada los ojos de Waldo. -¿Te importa a ti si son cánidos?-, le