La veterinaria Heather Evans llegó hasta el litoral llamada de urgencia por el capitán Trevor. Ella estaba desconcertada. -¿Para que la policía necesita una veterinaria?-, se rascaba los pelos incrédula. Trevor sonrió. -Ya lo verá, doctora-, dijo enigmático llevándola hacia un empinado que formaban los encrespados. Allí había una masa informe, sanguinolenta, igual a un despojo. Cuando Evans se empinó para ver qué era, quedó aún más pasmada: era un tipo destrozado, hecho jirones, desfigurad