La lluvia empezó sin aviso, como si el cielo hubiera decidido acompañar el peso de lo que iba a pasar. Era un martes por la tarde, el cielo plomizo desde la mañana, y el agua golpeaba los cristales de la casita con furia contenida, un tamborileo constante que ahogaba el ruido del mundo exterior. Caleb estaba en la sala, construyendo una torre de bloques que se tambaleaba peligrosamente cada vez que se inclinaba para añadir una pieza más. Yo estaba en la cocina, preparando chocolate caliente, cu