Capítulo 11: Renacer en la soledad
Los días después del accidente fueron una pausa obligada. El médico me impuso reposo absoluto durante una semana, y obedecí, aunque la quietud de la casa nueva a veces me pesaba más que el dolor en las costillas. Caleb se convirtió en mi rutina más dulce y caótica. Cada mañana preparaba desayunos desastrosos: cereales flotando en charcos de leche, pan tostado quemado que él presentaba con orgullo infantil.
—Para que te cures pronto, mami —decía, y pegaba otro d