Abrí la aplicación de I*******m por costumbre, buscando las notificaciones de mi pequeña galería. Lo que encontré fue una oleada de comentarios nuevos bajo mi última publicación.
“Qué conveniente pintar tu drama familiar para vender cuadros.”
“Se hace la víctima pero todos sabemos cómo atrapó a Isaías Domínguez.”
“Arte oportunista. Nada original.”
El primer comentario tenía más de doscientas respuestas. La cuenta que los había iniciado era anónima, pero el tono era inconfundible: elegante, preci