El sobre amarillento apareció al fondo del buzón, entre facturas y propaganda. Lo reconocí al instante por la letra temblorosa en el frente: Edith, mi luz.
No lo abrí enseguida. Lo llevé al salón, me senté en el suelo entre lienzos a medio terminar y lo sostuve un largo rato, como si pesara más de lo que parecía. Cuando por fin rasgué el papel, la voz de mi abuela Gerania llenó la habitación en silencio.
Querida Edith,
Si lees esto es porque ya no estoy y tú has empezado a romper los lazos que t