La lluvia de la noche anterior había dejado el aire limpio, casi transparente, como si el cielo hubiera lavado sus propias culpas. Entré en la pequeña biblioteca municipal del barrio con el collar guardado en el bolsillo de mi chaqueta, envuelto en un pañuelo de seda para que no tocara mi piel directamente. No quería sentir su calor traicionero mientras buscaba respuestas. Julio me había recomendado un libro antiguo sobre folclore rumano que la galería tenía en préstamo permanente; lo había dej