—¡Fractura en la nariz! —gritó mi padre—. ¿En serio, Dafne? ¿Qué estabas pensando cuando hiciste eso? —Al parecer lo de Dalia, había sido peor de lo que pensaba. Los tres estábamos sentados frente a mi padre, quien estaba en extremo furioso.
—¡Papi! Pero ella empezó …
—¡No hay excusas, Dafne! ¡Colmaste mi límite! —Mi papá de verdad que estaba enojado.
—¡Papi! —dijo Dafne al borde del llanto.
—¡Sal de aquí! No quiero verte, ¡a ninguno de los tres! No puedo creer que no detuvieran a Dafne. ¡E