Valentina
Papá se levantó de la cama sin mi ayuda por primera vez en semanas.
Fue despacio. Con cuidado. Apoyándose en la mesita de noche con una mano. Después de un paro cardíaco, un desalojo y el descubrimiento de que la mujer con la que se casó era una criminal que le robó hasta el último centavo, era un milagro que no necesitaba más nombre que la terquedad de Rodrigo Rojas.
Había pasado casi un mes desde la muerte de Morgana. De Dafne. Todavía no sabía cómo llamarla. Tal vez nunca lo sabría