ETHAN
Conduje en silencio. Génesis iba a mi lado con la mirada fija en la ventana, como si el paisaje nocturno tuviera alguna respuesta que nosotros no encontrábamos. No le dije nada. No hacía falta. Ambos sabíamos lo que estaba en juego.
El Club Fantasía apareció al final de una calle. Estacioné el auto y apagué el motor. Antes de bajar, miré a Génesis.
—¿Estás lista?
Ella asintió sin dudar. Eso era lo que más admiraba de esa mujer: podía estar cayéndose por dentro y aun así mantenerse firme.