VALENTINA
“Respira, Valentina. Respira.”
Me lo repetí frente al espejo como si fuera un hechizo.
Me miré de arriba abajo y sentí ese nervio tonto en el estómago, el que aparece cuando algo te importa de verdad. Tenía el vestido puesto, el cabello suelto y un brillo suave en los labios, pero aun así… no me sentía lista.
“¿Y si me veo ridícula?”
Me acomodé el vestido por quinta vez.
“Ya, basta. Si sigues así, vas a romper el cierre.”
Agarré el teléfono con manos un poco temblorosas y le escribí a