Valentina
Adonias pesaba más borracho que sobrio. Como si el alcohol le hubiera añadido diez kilos de peso muerto a un cuerpo que de por sí no era ligero.
Mía estacionó frente a la casa de los Fox a la una de la mañana.
—Si sus padres nos ven, estamos muertas —susurró Mía mientras abría la puerta trasera del auto donde Adonias dormía con la boca abierta
—¿Tan grave es?
—Génesis Fox descubriendo que su hijo modelo llegó borracho a la una de la mañana es el equivalente a un terremoto de magnitud