Mientras tanto, en el campamento de Giza, Bek sentía la opresión de la vigilancia. Había notado las sombras que lo seguían, los murmullos que cesaban a su paso. La búsqueda de cualquier rastro de Huni en sus antiguos aposentos había sido infructuosa. Los hombres del visir, al parecer, habían limpiado bien.
Una tarde, mientras el sol se ponía, Bek se aventuró hacia los almacenes del puerto. Era un lugar bullicioso durante el día, pero a esta hora, la mayoría de los trabajadores se habían ido a c