La mañana en la finca Montenegro había amanecido cargada de una tensión silenciosa. Valeria bajó a desayunar con los sentidos alerta. Elías ya estaba allí, inclinado sobre unos planos, y apenas alzó la mirada para saludarla con una formalidad gélida.
Durante la inspección de los viñedos, él apenas hablaba. Respondía a sus preguntas con precisión técnica, pero evitaba cualquier comentario personal. Valeria notaba la rigidez en sus hombros, como si forcejeara con algo interno.
Fue cuando ella sug