Elías cerró la puerta del despacho con un suspiro contenido. El aroma de Gloria, un perfume intenso y floral que una vez le resultó excitante, ahora le parecía agobiante. Ella estaba de pie frente al escritorio, secándose el cabello con una toalla que había tomado de algún lado, con una sonrisa demasiado segura.
—Parece que la tormenta no te amilana —comentó él, yendo directo al grano—. Los papeles.
Gloria lanzó la toalla a un lado y tomó la carpeta que había dejado sobre el escritorio. Su acti