Valeria despertó sintiéndose envuelta en una nube de calor y plenitud. El cuerpo de Elías, a pesar de su lesión, había sido implacable y tierno en igual medida durante la noche, y ahora, en sueños, su brazo la mantenía firmemente anclada a su costado. Ella intentó deslizarse fuera de la cama, pero él, aún dormido, murmuró algo ininteligible y la atrajo más cerca, enterrando su rostro en su cabello. Un latido de dulzura le recorrió el pecho.
Finalmente, él se despertó. Por un instante, sus ojos