La espera en la sala de cirugía fue una agonía eterna para Mauricio. Cuando por fin el médico salió, con el rostro cansado y serio, su corazón se detuvo.
—Logramos salvarlo —fueron las primeras palabras, y Mauricio sintió que las piernas le flaqueaban de alivio—. Pero fue una cirugía muy complicada. Perdió mucha sangre y tuvimos que extirparle el bazo.
Mauricio miró al médico, confundido. —¿El bazo?
—Recibió dos puñaladas abdominales, una de ellas causó el daño —explicó el médico con paci