No esperó dentro.
Salió con Renato en brazos y se detuvo al límite de la escalinata. El grillete parecía arder contra su piel, recordándole hasta dónde podía avanzar. Dos vehículos oscuros se acercaron a la casa y se detuvieron frente a la entrada. Los escoltas bajaron primero. Valeria descendió unos segundos después.
Elías recorrió su cuerpo con la mirada.
Rostro. Brazos. Vientre. Piernas.
Estaba bien.
Aquella comprobación no fue consciente. Fue una necesidad.
Valeria lo vio y se quedó quieta.