La clínica estaba rodeada por una discreta presencia policial cuando Valeria llegó. Los escoltas descendieron primero, revisaron la entrada y la acompañaron hasta el vestíbulo. Ella intentó no pensar en Elías observando la carretera desde Hacienda Renacer, contando los minutos y revisando el teléfono cada vez que un vehículo se aproximara a la propiedad. Le envió un mensaje apenas cruzó la recepción: «Ya llegué. Estoy bien». La respuesta apareció de inmediato: «No te alejes de los escoltas».
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