Gloria estaba sentada en una silla, lejos del epicentro del caos, pero lo suficientemente cerca para verlo todo. Su respiración era un fuelle roto, las manos le temblaban incontrolablemente. El estruendo de la explosión aún retumbaba en sus oídos, mezclado con las sirenas que ahora llenaban la noche.
Ricardo es un monstruo, pensó, el pánico cerrándole la garganta. Una explosión... Él mató a Gabriel. Y ella había ayudado. Su mensaje, su complicidad silenciosa, había llevado a Gabriel a esa tra