Punto de vista de Catalina.
«Entonces, ¿qué pasa, Adrián? ¿Por qué no me dejas entrar?».
Observé a Adrián, que apartaba la mirada de mí, evitando la pregunta que flotaba entre nosotros como una pesada nube.
El aire fresco de la noche entraba por las ventanas abiertas del yate, pero lo único que yo sentía era la sofocante tensión entre nosotros.
«¿Por qué no me dejas entrar?», volví a preguntar, con voz suave pero firme.
Adrián suspiró profundamente y se frotó las sienes, como si el p