La noche aún no ha terminado.
Punto de vista de Adrián.
Cuando la limusina se detuvo, miré a Catalina, que todavía estaba tratando de asimilarlo todo.
Tenía los ojos muy abiertos y respiraba más rápido. Podía ver cómo le temblaban los nervios en la tenue luz del coche.
Salí primero y, mientras daba la vuelta para abrirle la puerta, no pude evitar sonreír al ver la expectación en sus ojos. Iba a ser una noche especial, una noche que no olvidaría.
«Vamos», le dije, tendiéndole la mano.
Ella la tomó y la ayudé a salir de la li