Tú ganas. Quizás sí que necesite un descanso.
Punto de vista de Catalina
Me senté en el borde del sofá, mirando por la ventana, intentando encontrar paz en el cielo de la tarde.
Pero mis pensamientos no dejaban de volver a Adrián. Su rostro, sus palabras, la forma en que me miró la última vez que estuvimos juntos.
Todo se repetía en mi cabeza como un disco rayado que no podía detener.
Carlota había salido a saber Dios dónde. Estaba agradecida de que por fin hubiéramos arreglado las cosas entre nosotras.
Justo cuando pensé que quizá podría apartarlo de mi mente, sonó el timbre. Suspiré, levantándome y arrastrando los pies hasta la puerta.
Cuando la abrí, Zoe estaba allí con una gran sonrisa, sosteniendo una bolsa de comida para llevar.
—¡Adivina quién trajo el almuerzo! —canturreó, agitando la bolsa frente a mi cara.
Intenté esbozar una sonrisa, pero probablemente salió más como una mueca. —Zoe, te dije que no estaba de humor para—
Ella se abrió paso dentro del apartamento, negando con la cabeza. —¡No! Basta de lamentarte, Catalin