Perspectiva.
El amanecer en la ciudad era un ruido lejano cuando Alexander Roth llegó a Roth & Co. El cielo aún estaba cubierto por nubes bajas, y el vidrio del edificio reflejaba el gris metálico del día. Entró sin saludar a nadie, con ese paso medido y silencioso que parecía cortar el aire.
A simple vista, era el mismo de siempre: impecable, puntual, inquebrantable. Pero debajo de esa calma había algo distinto. Algo que ni él mismo quería nombrar.
Valentina Vega.
El nombre se repetía en su mente como una