Primera cita. 2
Descolgó el vestido color morado intenso de seda y bajó el cierre invisible que recorría la espalda, se lo colocó con cuidado, dejando que la tela suave acariciara su piel, y acomodó los finos tirantes sobre sus hombros mientras arreglaba el vertiginoso escote en forma de corazón que enmarcaba su pecho. Por su cuenta subió el cierre, ajustando la prenda a su silueta con precisión, luego, con delicadeza, acomodó la raja lateral de la pierna izquierda, una abertura atrevida que alcanzaba hasta la