La explosión me envía a algunos metros detrás de los matorrales. Gimo aturdida. Estoy adolorida en aquellos lugares que ni siquiera sabía que existían. Mis oídos zumban y el dolor se desplaza a través de mi cuerpo como réplicas de un temblor. Me mantengo inmóvil durante algunos segundos, tratando de recuperar mis sentidos. Inhalo profundo para llevar un poco de aire a mis pulmones.
De repente, escucho la voz de un hombre.
―¡Rachel!
Mi piel se eriza de miedo al identificarla. Giro mi cuerpo d