El impacto me deja noqueado por breves instantes. Aturdido, me incorporo y observo los alrededores. El fuego consume rápidamente el costado derecho y el capó del auto. Si no salimos de aquí cuanto antes, moriremos calcinados.
―¿Jacob? ―me preocupo cuando este no responde. Su frente está apoyada en el centro del volante, parece inconsciente―. ¡Maldita sea, Jacob! ¡Despierta!
El dolor acribilla el lado izquierdo de mi pecho. Al bajar la mirada observo un parche de sangre extendiéndose rápidament