¿Cómo negarme a su propuesta? No hay nadie más con quien quiera estar. No contesto y, si no lo hago, es porque no puedo coordinar mi boca con mi cerebro. Mi lengua está paralizada. Mis ojos se mueven de sus ojos hasta sus labios. Cierro los ojos, elimino el espacio entre nosotros y lo beso.
―Soy tuya, Lud ―susurro sobre su boca―. Nunca dejé de serlo.
Gime y tira de mi cuerpo para pulverizar los pocos milímetros que existen entre nuestros cuerpos.
―Mía ―con la misma posesión que alberga en sus pa