Si el imbécil pensaba que me iba a quedar con los brazos cruzados y dejar que saliera de este club con mi mujer, estaba muy equivocado. Ahora que ha vuelto a mí, no voy a permitir que se aleje y, mucho menos, para que regrese con ese cabrón.
―¿Ha tomado en consideración lo que yo quiero, jefe? ―aquella palabrita pone a saltar mi polla con entusiasmo. Cruza los brazos sobre su pecho y alza la barbilla de forma altanera―. ¿No cree que está siendo demasiado arrogante y pagado de sí mismo al sumir q