Sonrío por primera vez después de Con piernas temblorosas y con el corazón repiqueteando con la misma intensidad de los tambores africanos, abandono la habitación acompañada de Massimo. Ni siquiera tuve el valor para despedirme de él, mucho menos para mirarlo. Tomé la determinación de huir como una cobarde, debido a que esta noche me ha quedado bastante claro la enorme influencia que Lud sigue teniendo sobre mí.
―¿Te encuentras bien, Isabella?
Giro mi rostro y lo miro a los ojos, mientras atrave