Mundo ficciónIniciar sesiónDespués del examen de admisión a la universidad, mis cuatro amigos de la infancia me hicieron jugar a verdad o reto con ellos. Cuando llegó mi turno, la chica a quien su familia acababa de reconocer como su hija biológica les preguntó a todos si se atrevían a revelar a qué universidades habían aplicado. Uno tras otro, mostraron que habían elegido la Universidad de Sierra Lejana, entre ellos Sergio Herrera, quien deslizó su formulario de preferencias universitarias hacia mí y, sonriendo, dio unos golpecitos sobre mi puntaje de noventa y cinco. —¿Te atreves a renunciar a la Universidad Nacional para que vayamos juntos? El que se eche para atrás es un cobarde. Esa noche firmé el acuerdo de ingreso anticipado delante de ellos, incluido Sergio, quien aceptó ser mi novio cuando le confesé mis sentimientos, entre los gritos de ánimo de los demás, pero no fui a buscarlos hasta que llegó mi carta de admisión y, por casualidad, vi que habían dejado encendido el proyector de la sala. En la pantalla había otro chat grupal, llamado “Protectores de Martita en la Capital”. “¿Ya firmó?” “Sí. Con cuatro formularios de preferencias universitarias falsos conseguimos que se fuera a Sierra Lejana por voluntad propia. Negocio redondo”. “Martita sí que es lista. Con un solo juego consiguió quitarnos de encima a ese chicle”. “Sergio es el que más se sacrifica porque todavía tiene que fingir que es su novio hasta que empiecen las clases”. Estaba frente a la pantalla cuando escuché que se abría la puerta a mis espaldas. Mis cuatro amigos de la infancia y Marta Cervantes se quedaron paralizados en la entrada, con la champaña que traían para celebrar su admisión a la Universidad Nacional.
Leer másAl día siguiente de la presentación, mis padres organizaron una comida con la familia, en mi honor, pero no invitaron a Sergio ni a los demás.Mamá me abrazó durante un largo rato, mientras que papá quemó tres platos en la cocina y al final no tuvo más remedio que pedir comida a domicilio, tras lo cual, durante la comida, mamá preguntó:—¿Vas a regresar a la Capital algún día?Negué con la cabeza.—La segunda etapa del proyecto también será en el norte.—¿Otros cinco años?—Tal vez más.Mientras se servía comida, papá se detuvo un instante antes de limitarse a decir:—Si es lo que quieres hacer, hazlo. Aquí estará siempre tu casa, hija.Me dieron ganas de llorar.—Está bien.Antes de irme, volví al vecindario.El peral seguía ahí.Ya habían rellenado el hoyo donde habíamos enterrado la cápsula del tiempo, encima del cual había una caja nueva de metal que tenía una hoja pegada en la tapa.“Para Patricia de la Cruz. Solo ella debe abrirla”.No la abrí.Después de que pasé de largo rodean
En el quinto año, cuando el proyecto entró en su última etapa, yo tenía veintitrés años.Había pasado de ser la integrante más joven a estar a cargo del componente principal del proyecto cuando la base de investigación nos permitió comunicarnos una vez con el exterior antes de presentar los resultados, ocasión en la que recibí una avalancha de mensajes al encender el celular.De los más de dos mil mensajes que Sergio me había enviado, el primero decía:“Déjate de berrinches”.El último era del día anterior.“No espero que me perdones”.“Solo quiero saber que estás bien”.A los mensajes de Axel, que cada vez que ganaba un premio le tomaba una foto y me la enviaba, se sumaban los videos recuperados que Roberto había ido subiendo uno por uno, además del video de recuerdos que Hugo había vuelto a editar.Lo había titulado “Vacío”.La portada mostraba aquel hoyo bajo el peral que no habían terminado de rellenar.Lo vi todo.Después lo borré con un solo toque.No era por odio.Era porque no
La vida en la base de investigación del norte era más ajetreada de lo que había imaginado, con una primera semana en la que acompañé a mi asesor de investigación al campo de pruebas en el desierto.De día, cuarenta grados.De noche, casi cero.Como el viento venía cargado de arena, una compañera veterana del equipo me pasó un pañuelo para cubrirme la cara.—¿Te arrepientes?Negué con la cabeza.—No.—¿Extrañas tu casa?Lo pensé un momento.—Extraño a mis papás.—¿Y a los demás?—No hay nadie más.Mi compañera no hizo más preguntas.Cuando, al tercer mes del proyecto, el modelo a mi cargo funcionó por primera vez, todo el equipo aplaudió a las tres de la madrugada.Mi asesor sacó una lata de Coca-Cola que estaba medio enterrada en la arena.—Es lo que hay. Champaña para adultos.Bebí un sorbo.Aunque ya había perdido todo el gas, sabía más dulce que aquella botella de champaña de verdad en la fiesta de celebración de Marta.Seis meses después, mis padres se comunicaron conmigo a través
Al día siguiente, el director anunció en persona mi ingreso anticipado al equipo, noticia que se difundió por toda la escuela.Patricia de la Cruz había ingresado al programa nacional de investigación especializada con la calificación más alta del estado en el área de ciencias.El acuerdo de ingreso anticipado no era una admisión universitaria común, sino una selección especial en la que, en toda la Capital, solo me habían elegido a mí.A las chicas que dos días antes me habían cerrado el paso para burlarse de mí les cambió la cara en ese momento.Una de ellas incluso fue a buscar a Sergio.—Solo estábamos bromeando. ¿Quién iba a pensar que se tomaría tan mal una broma y se iría de verdad?Sergio la miró.—¿Quién volcó la cubeta?La sonrisa de la chica se congeló.—Se me resbaló.—¿Y la mochila?—También fue un accidente.Sergio levantó la mano, le arrebató el celular y lo arrojó a la fuente.La chica gritó.—¡Estás loco!—Se me resbaló.Le devolvió sus mismas palabras, pero hacerlo no
Último capítulo