En el quinto año, cuando el proyecto entró en su última etapa, yo tenía veintitrés años.
Había pasado de ser la integrante más joven a estar a cargo del componente principal del proyecto cuando la base de investigación nos permitió comunicarnos una vez con el exterior antes de presentar los resultados, ocasión en la que recibí una avalancha de mensajes al encender el celular.
De los más de dos mil mensajes que Sergio me había enviado, el primero decía:
“Déjate de berrinches”.
El último era del d