Narra: Alexander
El motor del Maserati se apagó con un siseo ahogado, dejando que el silencio gótico de la Selva Negra se tragara el último rastro de nuestra huida de Basilea. Frente a nosotros, el refugio de piedra y acero reforzado emergía de la neblina helada como un búnker de alta costura, una propiedad perimetral que yo mismo había borrado de los registros públicos de Baden-Baden hacía tres años. A mi lado, Amelia no esperaba a que Miller abriera la portezuela blindada; se bajó del coche c